Somos JP (Juan Pablo) y José Ignacio (Nacho) Portela, dos hermanos gemelos cuya vida siempre estuvo ligada al campo, los caballos y la naturaleza.
Nacimos en Montevideo, Uruguay, y nos criamos en un campo en Menafra, una pequeña localidad del departamento de Río Negro. Desde chicos fuimos inquietos, curiosos y proactivos.
El campo nos enseñó el valor del trabajo, el esfuerzo y la importancia de salir adelante con perseverancia. Esa necesidad de progresar, junto con nuestra pasión por la vida al aire libre, se transformó con los años en una forma de vivir y de emprender.
A lo largo del camino hemos creado empresas con propósito, impulsadas por la innovación, el trabajo y un profundo respeto por nuestras raíces.
Hemos tenido muchísimas caídas, cometido muchos errores, y atravesado muchos fracasos, que nos dejaron grandes aprendizajes. Esos aprendizajes, junto con algunos aciertos, son los que nos siguen dando la fuerza para no aflojar nunca, seguir avanzando y construir proyectos y una vida con propósito.
Este sitio cuenta un poco de quiénes somos, lo que hacemos y los proyectos que hemos desarrollado a lo largo de los años: empresas diferentes entre sí, pero unidas por una misma filosofía: hacer las cosas bien, crear valor y construir relaciones duraderas.
Del campo de Menafra, Río Negro, al mundo. Creamos proyectos que combinan tradición, tecnología y oportunidad: desde indumentaria con propósito, hasta propiedades tokenizadas, videojuegos y el polo como pasión de toda la vida. Esta web es el lugar donde podés entender, de forma clara y visual, todo lo que hacemos.
Nacido en Montevideo, Uruguay, mi trayectoria es el reflejo de una personalidad proactiva, inquieta y con una innata vocación de búsqueda. Formado en la exigencia de la vida rural y templado en la hotelería internacional de lujo y el emprendedurismo, entiendo los negocios como un estilo de vida guiado por la pasión, la innovación constante y el impacto positivo en el entorno.
Empresario, innovador en hospitalidad & estratega con propósito social.
Con dominio de cuatro idiomas y una sólida experiencia en la gestión de capital humano y finanzas, mi enfoque actual combina el desarrollo inmobiliario de alta gama con marcas de moda con propósito social y la expansión de proyectos internacionales.
Mi conexión con la tierra y la naturaleza comenzó a los cinco años, cuando mi familia se trasladó a Menafra, en el departamento de Río Negro. En la estancia administrada por mi padre —un ingeniero agrónomo de mente creativa e innovadora a quien siempre admiré— y asistiendo a la Escuela Rural N.º 12, aprendí el valor del esfuerzo y la constancia. Recuerdo las mañanas de invierno, levantándome a las 5:00 a.m. para buscar y ensillar los caballos con los que, junto a mis hermanos, recorríamos largos trayectos hacia la escuela. Esas travesías, marcadas por el rigor del clima, se convirtieron en mis primeros espacios de meditación y templanza.
Más tarde, en la ciudad de Young, esa misma creatividad campera nos llevó a criar terneros de tambos y a comprar caballos accesibles para introducirlos en el polo, despertando una de las grandes pasiones de mi vida en el Río Negro Polo Club. El polo me enseñó de disciplina y me otorgó mis primeras nociones de negocio, al tener que buscar los medios propios para sostener un deporte de alta exigencia.
Tras un breve paso por la Facultad de Derecho en Montevideo —donde financiaba mis ingresos lavando fachadas y trabajando en un call center—, un quiebre operativo en la universidad nos impulsó a mi hermano gemelo Nacho y a mí a dar un giro radical. Con apenas veinte años, nos embarcamos como mozos en cruceros internacionales. Esa etapa supuso un choque cultural profundo y un aprendizaje riguroso sobre la disciplina, la resistencia física y la excelencia operativa bajo estándares globales.
Decidido a profundizar mis conocimientos en la industria, asumí el desafío de financiarme una de las formaciones en hospitalidad más prestigiosas del mundo en Suiza, en un castillo situado en Caux, a 2.200 metros sobre el nivel del mar. Costeé mis estudios alternando semestres académicos con extenuantes contratos a bordo en la compañía Celebrity, donde ascendí a asistente de Food & Beverage Manager. Esta época de inmenso sacrificio personal y soledad constructiva sumó a mi formación el dominio del inglés y el francés, consolidando mis competencias técnicas mediante pasantías de apertura hotelera en Lausana, donde me adentré en la contabilidad nocturna y la gestión de procesos.
A mi regreso, el mercado regional reconoció mi preparación internacional. Me incorporé al icónico hotel Conrad de Punta del Este como subgerente, un entorno de alta exigencia que dominaba los códigos del lujo internacional. Posteriormente, mi red de contactos en el polo me abrió las puertas de la cadena NH en Buenos Aires, donde me trasladé para liderar la apertura de un nuevo establecimiento en el departamento de Alimentos y Bebidas. Vivir y operar en una gran metrópolis aceleró mi madurez comercial y encendió definitivamente la necesidad de construir mi propio camino empresarial.
La búsqueda de independencia dio vida a Black River Outfitters, una empresa de turismo cinegético especializada en tiro al vuelo, nombrada en homenaje al departamento de Río Negro. Junto a mi hermano, expandimos la operación atrayendo a una selecta clientela internacional proveniente de Estados Unidos y de centros de negocios de Brasil, como San Pablo.
Nuestra mentalidad inquieta nos impulsó a explorar la intersección entre el turismo tradicional y la tecnología. Ideamos el proyecto de caza online Men vs Dove, contratando ingenieros en Montevideo y testeando la latencia global. Si bien los desafíos legales y ambientales nos hicieron pivotar el modelo tras asesorarnos en ferias de Estados Unidos, transformamos esa tecnología en AWS (Argentina Wing Shooting Simulator), un videojuego de caza especializado. Poco después, creamos The Polo Game, considerado el primer videojuego de polo del mundo, logrando una repercusión internacional masiva y posicionándonos en el tope de descargas de su categoría, un activo que continúa evolucionando hasta el día de hoy. A los 34 años, trasladé parte de la estructura a Pilar, Argentina, optimizando las ventas mediante un call center propio y cumpliendo el sueño de jugar al polo en el epicentro mundial de la disciplina.
Al cumplir los 40 años, la necesidad de dotar de un sentido más profundo a la actividad empresarial nos llevó a fundar BRONCA, una firma de indumentaria premium inspirada en la estética rural y las vivencias de nuestra infancia. BRONCA nació de la búsqueda de un Ikigai o propósito vital. Recordando las carencias de los niños con los que compartíamos la escuela de campo, estructuramos la empresa bajo un estricto modelo de impacto social: por cada producto comercializado, la marca dona un plato de comida a un niño en situación de vulnerabilidad. Actualmente, proyectamos la internacionalización de esta misión con la apertura de nuestra primera tienda física en Austin, Texas.
Tras la reestructuración y posterior venta de la unidad de reservas de viajes de Black River Outfitters durante la pandemia —manteniendo tareas de consultoría de gestión administrativa y financiera—, fijé mi residencia definitiva en Punta del Este en 2026. Desde allí, colidero Black River Properties, una firma de real estate nacida para asesorar a la clientela internacional que, al igual que yo, elige a Uruguay como un destino estratégico para vivir, invertir o retirarse.
En paralelo, lidero el desarrollo de Los Mimbres Boutique Hotel, un exclusivo proyecto hotelero de diseño que se construirá en el residencial barrio de Carrasco, en Montevideo. Este hotel representa la materialización de un concepto largamente planificado que hoy encuentra su momento perfecto de maduración.
Me define la capacidad para construir equipos, el empuje proactivo y la convicción de que el crecimiento económico debe ir acompañado del desarrollo humano de quienes me rodean. Fuera del ámbito corporativo, mantengo una mirada curiosa sobre la existencia; soy un apasionado del cosmos —interés que me llevó a escribir a la NASA a los cinco años—, la espiritualidad, el desarrollo personal, el tenis, el surf y la vida al aire libre.
Guiado por la máxima que me heredó mi padre, «saber de dónde vengo y a dónde voy», mi mayor desafío actual es preservar un sano equilibrio entre mi ambición emprendedora y el disfrute consciente del presente. Tras años de priorizar la consolidación de negocios, mi enfoque hoy se centra en la construcción y el disfrute de una linda familia.
Hay personas que encuentran una idea y construyen una empresa. En mi caso, ocurrió exactamente al revés: cada una de las empresas que fui creando nació como consecuencia de una experiencia de vida, de una pasión o de una necesidad que conocía de primera mano.
Nunca me interesó emprender simplemente por hacer negocios. Siempre intenté construir proyectos que tuvieran un origen auténtico, una historia detrás y un propósito que trascendiera lo económico. Mirando hacia atrás, entiendo que todas las decisiones importantes que tomé tienen un mismo hilo conductor: el campo, los caballos, la naturaleza, el polo, los viajes, la tecnología, las personas que conocí y, más tarde, mi hija, fueron marcando el rumbo de cada etapa de mi vida y, casi sin darme cuenta, también el nacimiento de cada empresa. Esta es esa historia.
Nací en Montevideo, Uruguay, y pasé mis primeros cinco años en el barrio Malvín. A esa edad mi familia se mudó a Menafra, un pequeño paraje rural del departamento de Río Negro, donde mi padre, ingeniero agrónomo, administraba una estancia. Fue allí donde realmente crecí. Mi infancia transcurrió entre caballos, ganado, maquinaria agrícola y largas jornadas recorriendo el campo. Desde muy chico acompañaba a los peones en las tareas rurales; sin saberlo, estaba recibiendo la mejor escuela de negocios que podía tener.
Aprendí que el trabajo no se mide por horarios, sino por compromiso. Que la palabra vale tanto como un contrato. Que los equipos se construyen con confianza y que las relaciones humanas son mucho más importantes que cualquier resultado económico. También aprendí algo que me acompañaría toda la vida: los mejores proyectos siempre nacen de conocer profundamente aquello que uno hace.
Cursé la Escuela Rural N.º 12 de Menafra. Todos los días iba a caballo porque los caminos y la logística de aquella época prácticamente no ofrecían otra alternativa. Lo que para nosotros era una rutina cotidiana, hoy representa uno de los recuerdos más valiosos de mi infancia. Ese contacto permanente con la naturaleza me enseñó a observar, a tener paciencia y a entender que casi todo requiere tiempo para crecer. Con los años descubrí que esa misma lógica también se aplica a las empresas.
Gran parte de mi manera de ver la vida la heredé de mi padre. Fue un hombre muy innovador para su época, un verdadero hacedor, que entendía que una empresa no debía medirse únicamente por los resultados económicos, sino también por el impacto que generaba en las personas que trabajaban en ella y en la comunidad que la rodeaba. De él aprendí el valor del esfuerzo, la iniciativa, la lealtad y el compromiso. Me enseñó que liderar no significa mandar, sino dar el ejemplo; que un buen negocio también debe generar oportunidades para otros, y que construir relaciones de confianza siempre termina siendo mucho más rentable que buscar beneficios inmediatos.
A los doce años mi familia se mudó a Young, también en el departamento de Río Negro, donde cursé mis estudios en el Liceo N.º 1. Aunque dejé atrás la vida diaria en la estancia, nunca perdí el vínculo con el campo ni con los caballos. Durante esos años empecé a descubrir otra característica de mi personalidad que con el tiempo terminaría definiéndome: siempre fui muy inquieto. Me gustaba imaginar proyectos, encontrar oportunidades y pensar cómo transformar una idea en algo concreto.
Al terminar el liceo me mudé a Montevideo para estudiar Agronomía. Junto con mi hermano gemelo, Juan Pablo, y mi hermano mayor Daniel nos instalamos en la casa de nuestra abuela paterna, en Punta Carretas. Primero cursé tres años de Ingeniería Agronómica; más adelante comprendí que mi verdadera vocación estaba más cerca de los negocios que de la ingeniería, por lo que decidí cambiar de rumbo y estudiar Administración de Empresas en la Universidad ORT, donde completé los cuatro años de la carrera.
Mientras estudiaba siempre busqué la manera de generar mis propios ingresos. Junto a un amigo iniciamos un pequeño emprendimiento de reparto de pescado a domicilio: un negocio sencillo, pero que me permitió aprender algo que después sería una constante en mi vida: siempre preferí crear oportunidades antes que esperar a que aparecieran. También trabajé casi dos años en Johnson & Johnson como visitador médico, donde confirmé que disfrutaba profundamente las ventas y el marketing, y que el ambiente hospitalario no era donde quería desarrollar mi carrera. A veces descubrir lo que uno no quiere hacer resulta tan importante como descubrir aquello que sí.
Antes de comenzar Administración de Empresas en ORT, una huelga en la Facultad de Agronomía terminó cambiando nuestros planes. Mi hermano Juan Pablo y yo conseguimos trabajo como mozos en un crucero internacional, donde permanecimos alrededor de un año y medio recorriendo países y culturas completamente diferentes. Aprendimos a convivir con personas de distintas nacionalidades, a brindar un servicio de excelencia y a entender que existían oportunidades mucho más allá de nuestras fronteras. Sin saberlo, esos viajes despertaron una idea que años más tarde marcaría nuestra vida profesional: construir empresas capaces de trabajar con clientes de cualquier lugar del mundo.
Mientras cursaba la universidad, todos los fines de semana regresaba a Young. Mi verdadera pasión seguía estando entre los caballos: trabajaba haciendo caballos de polo para un patrón austríaco y cada temporada aprendía algo nuevo. Esa pasión me llevó a viajar durante tres temporadas a Estados Unidos para trabajar con caballos de polo. Esos viajes me permitieron conocer otra forma de hacer negocios, construir relaciones internacionales y descubrir oportunidades que jamás había imaginado. Sin darme cuenta, el polo me estaba preparando para emprender mi primer gran proyecto empresarial.
Al regresar de una de mis temporadas de polo en Virginia sentí que había llegado el momento de construir algo propio. Cada vez que viajaba a Estados Unidos encontraba personas fascinadas con Uruguay, con su naturaleza y con la posibilidad de vivir experiencias auténticas, lejos del turismo tradicional. Así nació Black River Outfitters, en homenaje al departamento de Río Negro, para ofrecer programas de caza deportiva a clientes internacionales. Más que vender un viaje, buscábamos compartir una forma de vivir el campo uruguayo.
Los comienzos fueron desafiantes: las primeras temporadas eran cortas y complementaba mi tiempo trabajando como guía de cabalgatas por la costa de Rocha. Con los años, y con Juan Pablo cada vez más involucrado, consolidamos una operación que completaba toda la temporada de caza permitida en Uruguay, de mayo a agosto. El resto del año seguía dedicado al polo, y viajábamos todos los años a las principales ferias internacionales de caza —Dallas, Houston, Las Vegas, Reno y Sacramento— construyendo una red de clientes y amistades que todavía hoy forma parte de nuestra vida. Black River Outfitters fue la escuela donde aprendimos a atender clientes internacionales y a entender que un servicio de excelencia siempre termina siendo el mejor marketing.
Muchos de nuestros clientes llegaban días antes de la temporada o se quedaban después, buscando lo mismo: un lugar tranquilo, con pocas habitaciones, excelente gastronomía y atención personalizada. Así comenzamos a desarrollar nuestro primer proyecto hotelero: un pequeño hotel boutique junto al restaurante La Perdiz. El proyecto avanzó durante varios meses y nos enseñó muchísimo sobre hotelería y desarrollo inmobiliario, pero finalmente decidimos no llevarlo adelante por la escala reducida y los condicionantes de la construcción. Aunque nunca llegó a construirse, aquella experiencia nos dejó aprendizajes que años más tarde influirían en otros proyectos vinculados al desarrollo inmobiliario.
Con el crecimiento de Black River Outfitters me mudé a Pilar, Buenos Aires. Desde allí llegaba al lodge en Uruguay por una ruta más corta y eficiente y, al mismo tiempo, vivía en uno de los grandes centros del polo mundial, rodeado de los mejores jugadores, criadores y organizaciones del deporte que más me apasionaba. Durante esos años combiné perfectamente mis dos mundos: la temporada de caza y, el resto del año, el polo y las relaciones internacionales que abrirían nuevas oportunidades.
Al año siguiente nació mi hija Victoria, en Punta del Este. Su llegada cambió profundamente mis prioridades: comencé a viajar prácticamente semana por medio para compartir el mayor tiempo posible con ella. Buscaba un entorno donde mi hija pudiera crecer rodeada de naturaleza, tranquilidad, seguridad y una calidad de vida parecida a la de mi infancia en el campo. Poco antes de la pandemia me mudé definitivamente de Pilar a Punta del Este, donde vivo hasta hoy. Sin saberlo, esa elección también marcaría el nacimiento de una nueva etapa en mi vida.
Mientras Black River Outfitters se consolidaba, con Juan Pablo empezamos a preguntarnos cuál sería el siguiente paso. El turismo cinegético era un negocio muy especializado, difícil de escalar y basado en nuestra presencia constante. Sentíamos, además, que nos faltaba darle un propósito social más claro: durante años intentamos donar la carne de las palomas a escuelas e instituciones, pero nos topamos con limitaciones regulatorias y una barrera cultural. Ese proceso, junto a los cambios que veíamos venir en la actividad, nos llevó a diversificar nuestro camino como emprendedores.
En paralelo, en 2012 fundé SOILAG, una empresa creada para desarrollar oportunidades de inversión agrícola en Uruguay a través de pools de siembra de soja. Durante aquellos años, muchos inversores buscaban participar del crecimiento que vivía el sector agrícola uruguayo, y SOILAG nació para acercar esas oportunidades de una forma profesional y transparente.
Con el tiempo, la caída del precio internacional de la soja cambió las condiciones del mercado y decidimos cerrar esa etapa. En lugar de insistir en un modelo que había dejado de ser competitivo, transformamos la empresa hacia la intermediación y compraventa internacional de commodities agrícolas, conectando compradores y proveedores de distintos mercados.
Aunque hoy esa actividad representa una parte menor de nuestros negocios, SOILAG me dejó una enseñanza que sigo aplicando hasta el día de hoy: los mercados cambian constantemente y la capacidad de adaptarse suele ser mucho más importante que la de aferrarse a una idea. Comprendí que emprender también significa evolucionar cuando las circunstancias lo exigen.
Nuestro primer intento de trasladar la experiencia de Black River Outfitters al mundo de la tecnología fue AWS Argentina Wing Shooting Simulator: un simulador realista de la caza deportiva sudamericana, con los escenarios naturales de la región, las doce especies de patos sudamericanos, armas y situaciones reales que conocíamos por experiencia propia. El proyecto tuvo buena recepción, pero la industria del videojuego es de las más competitivas del mundo y competir internacionalmente requería inversiones fuera de nuestro alcance en ese momento.
AWS nos dejó algo mucho más valioso: un equipo de desarrollo, el conocimiento de la industria del software y una experiencia que sería determinante para lo que vendría después.
Durante años volvimos una y otra vez a los recuerdos de la escuela rural, donde muchos compañeros convivían con necesidades muy distintas a las nuestras. De esa memoria, y de lo aprendido en Estados Unidos sobre las marcas con propósito, nació Bronca: más que una marca de indumentaria, una empresa que representa nuestras raíces, la cultura del campo y los valores con los que crecimos.
Desde el primer día decidimos que por cada artículo vendido Bronca donaría un plato de comida a un niño que lo necesitara. Hoy seguimos con la misma convicción: demostrar que una empresa puede construir una marca sólida, contar una historia auténtica y generar un impacto positivo en la sociedad.
La experiencia con AWS nos permitió descubrir una oportunidad que nos entusiasmó aún más: a pesar de ser uno de los deportes más antiguos y prestigiosos del mundo, el polo no contaba con un videojuego moderno que representara fielmente su esencia.
Así nació The Polo Game. Nuestra visión iba mucho más allá del juego: queríamos construir un ecosistema completo alrededor del polo, con una comunidad global de jugadores, activos digitales y nuevas experiencias para los fanáticos del deporte.
El proyecto llegó a posicionarse entre los videojuegos deportivos más descargados del mundo, alcanzando el cuarto lugar de su categoría en dispositivos móviles. Para nosotros fue la confirmación de que era posible desarrollar productos con alcance internacional desde Uruguay y otra demostración de que las mejores empresas nacen cuando uno combina la experiencia, la innovación y una visión de largo plazo.
La pandemia aceleró una decisión que veníamos analizando: dejamos de operar directamente las temporadas en Uruguay y comenzamos a trabajar junto a un lodge en Córdoba, Argentina. Bronca demandaba cada vez más tiempo, los proyectos tecnológicos crecían y Black River Outfitters ya había cumplido un ciclo extraordinario.
Decidimos vender la compañía a Casey Cundieff, quien ya era socio fundador de Bronca. La venta no significó un alejamiento: seguimos vinculados como asesores y administradores, y la empresa continúa organizando programas de caza en Córdoba, además de brindar servicios boutique de administración para otros outfitters. Las relaciones construidas durante más de veinte años siguen siendo uno de los activos más valiosos que tenemos.
Después de más de dos décadas recibiendo clientes extranjeros, cada vez era más frecuente que nos preguntaran dónde comprar una chacra, una casa frente al mar o una propiedad donde establecerse en Uruguay. Conocíamos perfectamente esa necesidad porque la habíamos vivido: Punta del Este había dejado de ser un destino de trabajo para convertirse en el lugar donde elegimos construir nuestra vida.
Cuando Juan Pablo decidió mudarse definitivamente, creamos Black River Properties para acompañar a clientes nacionales e internacionales que buscan invertir, desarrollar proyectos o establecerse en Maldonado y especialmente en Punta del Este.
En muchos casos seguimos acompañando a clientes que conocemos desde hace más de veinte años. De alguna manera, Black River Properties cierra el círculo que comenzó con Black River Outfitters: ya no mostramos Uruguay durante unos días; hoy acompañamos a quienes deciden convertirlo en su hogar.
A partir de esa experiencia también comenzaron a surgir distintos proyectos vinculados al desarrollo inmobiliario y hotelero, algunos de los cuales continúan formando parte de nuestra visión de largo plazo.
Mirando hacia atrás, descubro que nunca elegí una empresa por casualidad. Black River Outfitters nació del campo donde crecí y de mi pasión por mostrar el Uruguay auténtico. SOILAG surgió de mi vínculo con el agro y de la oportunidad de acercar inversiones agrícolas a clientes nacionales e internacionales, evolucionando con el tiempo hacia el trading de commodities. AWS nació de la experiencia acumulada en la caza deportiva. The Polo Game, de una vida vinculada al polo y a los caballos. Bronca, de los recuerdos de la escuela rural y del deseo de construir una empresa con un verdadero propósito social. Black River Properties, de haber acompañado durante más de dos décadas a personas que eligieron Uruguay como lugar para invertir, vivir o desarrollar nuevos proyectos.
Mi forma de emprender siempre fue la misma: observar, aprender, escuchar, encontrar una necesidad y transformarla en un proyecto. Nunca busqué crear empresas porque sí; cada una nació como una consecuencia natural de una etapa de mi vida.
Sigo considerándome una persona muy buscavidas, curiosa y profundamente proactiva. Disfruto resolviendo problemas, encontrando oportunidades y conectando personas. Creo profundamente en la relación entre las decisiones que tomamos, las personas de las que nos rodeamos y la realidad que terminamos construyendo.
La espiritualidad, la metafísica y una visión holística de la vida forman parte de mi manera de entender tanto los negocios como las relaciones humanas. Entre todos los valores que intento cultivar, la lealtad ocupa un lugar central.
Mi mayor objetivo hoy no es simplemente crear nuevas empresas. Es convertirme cada día en una mejor persona, vivir de acuerdo con mis valores y sentirme en paz con las decisiones que tomo. Si logro ser coherente conmigo mismo, ese será el mejor ejemplo que podré darle a mi hija, a mi familia, a mis amigos y a mis clientes.
Hoy sigo sintiendo la misma curiosidad que tenía de niño cuando recorría los campos de Menafra. Junto a mi hermano y nuestros socios seguimos enfocados en el crecimiento de Bronca en Estados Unidos, en el desarrollo de Black River Properties en Uruguay y en continuar generando nuevas oportunidades de negocios a través de SOILAG.
No sé exactamente cuáles serán los próximos proyectos. Lo que sí sé es que los años, los aciertos y, sobre todo, los errores me dejaron enseñanzas que hoy me permiten elegir con mayor claridad.
Porque, al final, emprender no consiste solamente en crear empresas. Consiste en aprender constantemente, rodearse de buenas personas y construir proyectos que tengan sentido.
Mi hija Victoria y mi familia · Polo · Caballos · Surf · Naturaleza y animales · Desarrollo inmobiliario · Tecnología e innovación · Agronegocios y comercio internacional · Emprendimientos con propósito · Espiritualidad · Metafísica · Visión holística de la vida · Aprendizaje continuo.
Cada empresa nació de una pasión real: el campo, el polo, el gaming, las propiedades. Tocá cualquiera para visitar su web.
Turismo cinegético. Crecimos en el departamento de Río Negro, origen del nombre Black River. Con 20 años y contando de operación junto a una sólida clientela internacional, principalmente de Estados Unidos, la empresa fue adquirida por nuestro socio en Texas. Hoy continuamos vinculados como asesores.
2004Nacida como una empresa de inversión agrícola en Uruguay, SOILAG evolucionó hasta convertirse en una firma uruguaya de comercio de commodities que conecta a productores sudamericanos con los mercados globales.
2012Argentina Wingshooting Simulator. Videojuego de caza de patos para PC, lanzado en Steam, que marcó el primer paso de los hermanos Portela en la industria del gaming.
2012Nacimos como Keha Ideas en 2014, asesorando a clientes de Black River Outfitters en proyectos inmobiliarios, incluyendo la compra de campos, el proyecto del hotel boutique Los Mimbres en Punta Carretas (Uruguay) y la apertura del restaurante Kaori en Miami (EE. UU.). Hoy somos Black River Properties, una marca más simple y cercana para nuestros clientes de Estados Unidos y del mundo, enfocada exclusivamente en la venta y el desarrollo de proyectos inmobiliarios.
2015Bronca. Indumentaria premium de inspiración rural con un modelo de impacto social: por cada producto vendido, donamos un plato de comida a un niño que lo necesita. Actualmente en plena expansión en Estados Unidos.
2018PoloGame. El primer videojuego de polo del mundo para iPhone y Android. Alcanzó el Top 4 mundial en descargas de la categoría Deportes e incorporó el token Chukker y NFTs como parte de su ecosistema.
2022Un recorrido en imágenes: de la escuela rural a Suiza, del primer negocio a las empresas de hoy.